Las fallas, candidatas a ser Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad

Galeria

Falla en la plaza Mariano Benlliure. 1932. ES.462508.ADPV/Colección Ferran Belda, Caj. 00149 - Núm. 06287
Vista de una falla de Valencia. ca 1900. ES.462508.ADPV/Colección Gamón, Caj. 00154 - Núm. 06841
Falla C/ Zaragoza 1902. ca 1975. ES.462508.ADPV/Colección Corbín, imagen nº 11231
Falla en la plaza de Tetuán de Valencia. ca 1932. ES.462508.ADPV/Colección Ferran Belda, Caj. 00149 - Núm. 06289
Colecciones fotográficas del Archivo
Las fallas, candidatas a ser Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad

Con motivo de la candidatura de 2016 de las fallas como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO, el Archivo General y Fotográfico de la Diputación de Valencia ha realizado una selección de fotografías de monumentos falleros para apoyar la misma, y mostrar a través de sus colecciones, el arraigo de la fiesta en la historia de la cultura valenciana.

Falla de la plaza del Ayuntamiento con motivo central de la Torre Eiffel ,1966. 1985. ES.462508.ADPV/Colección Corbín, imagen nº 10287

En nuestra sociedad está muy arraigada la tradición de que las actuales fallas tienen su origen en la limpieza que llevaban a cabo en sus talleres los componentes del Gremi de Fusters del barrio del Carme con la llegada de la primavera. Los aprendices recorrían la calle recogiendo los objetos inservibles del vecindario, que hacían desaparecer mediante una hoguera a la que prendían fuego enfrente de las puertas de sus talleres la víspera del patrón gremial. En ella ardían los parots, percheros de pie con tres patas y varios brazos en los que se colgaban los candiles que alumbraban los talleres, cuya imagen era fácil de transformar en un monigote. Con el tiempo se vistió con ropas al parot para que se pareciera a una persona y se le añadieron más elementos que conformaron una pequeña escena. Así apareció el primer ninot. También según esta hipótesis, el origen de las fallas tal como hoy las conocemos, es decir con argumento, ninots y versos satíricos no podría remontarse mucha más allá del siglo XVIII, que es cuando aparecen los primeros documentos que hablan de ellas.